Poco
tiempo después de sus primeras palabras, el niño permaneció intacto a las
heladas, como si éstas se hubieran apiadado especialmente de él para verlo
sobrevivir entre los hombres que habitaron en el Bosque de la Creación. Su
existencia fue conocida gracias a la frágil voz de su llanto: una melodía que
transmitía sentimientos profundos y quebraba el corazón de cualquiera que la
escuchase. Fue la princesa del bosque quien lo descubrió, confundido e
indefenso, en la noche más oscura de sus días. Se sintió tan conmovida por las
notas de su lamento que le cobijó con un abrazo cálido que reconfortó su
espíritu con las palabras más dulces de su alma. —No estás sólo —le dijo—,
desde ahora formarás parte del bosque y su familia espiritual. Y cuando venga
la más sórdida de las tempestades, recuerda que a tu silencio le acompaña el
viento que silba entre las copas de los árboles, el ulular arrullador de las
lechuzas, el aullido protector del lobo, el murmullo de los ríos, la compañía eterna
de las rocas y mi pensamiento que estará siempre contigo.
La
gente del bosque sabía bien que el niño no era como ellos; su cabello color
ceniza, su piel pálida, sus ojos grises y sus orejas puntiagudas lo delataban:
no había nacido con la misma sangre que ellos. Sin embargo poco les importó
aquello; le tomaron como a uno de sus hermanos y todos gozaban de entregarle su
cariño y su cuidado. Las bestias más fieras lo honraban cobijándolo con la piel
de sus difuntos, mientras que otras más nobles entregaban su carne para mitigar
su hambre; los árboles le daban frutos para mitigar su sed y el pueblo Nah’hul lo enseñaba a hablar en la
lengua de los hombres. Bajo esta protección, a Félix nada le preocupaba más que
conocer a su antojo las delicias que brindaba la naturaleza. Iba y venía
libremente por dondequiera que sus pies lo llevaran y exploraba cada rincón del
bosque tanto como su curiosidad se lo permitiera.
Pero
lo que más le fascinaba era descubrir el inmenso mundo auditivo que alrededor
suyo. Y él poseía un oído especial para escucharle.
