El último sol de invierno
Aquel bosque era como una mancha enorme en
el centro del mundo y su vastedad era delineada por el anillo de montañas
afiladas que lo resguardan de la historia escrita por los hombres. Su extensión
no conocía límites hacia el interior, donde la nieve había borrado toda traza
de caminos que conformaban una red de enredados laberintos. Félix trató de
recorrerlos en más de una ocasión, con la esperanza de conocer el territorio
que gobernaría una vez convertido en el rey terrano.
No obstante, siempre terminaba perdido y sólo su conocimiento de las voces
fuera del laberinto lo ayudaban a salir vivito y coleando.
Pero aun con tan accidentados
intentos, estaba decidido a desentrañar el secreto del que le habían contado;
semejante derecho le correspondía como futuro Hul’An’Khan, o al menos eso pensaba. «Quien encuentra la forma de
andar por el “Camino del Silencio” puede encontrarse con el origen de todo;
pero los caminos del bosque confunden a quienquiera que les visita. Así fueron
hechos para guardar celosamente el secreto de la creación». Esa fue la
advertencia de la princesa del bosque cuando Félix manifestó su inquietud de
explorarlo.
