22 de septiembre de 2013

Canción para Lyndis, Capítulo 3


Naturaleza Terrana



«¿Quién es la dama que deambula cerca del Camino del Silencio?», preguntó Félix a la princesa, pero ¿cómo explicarle la verdad? ¿Sería mejor que encontrara respuestas por sí mismo? Cuando el niño llegó al bosque, el frío mortal del Largo Invierno ya había cobrado la vida de los mestizos que no partieron al exterior para venerar a los «dioses verdaderos». Ni siquiera su madre, la hermosa mujer que llegó allí con el recién nacido en brazos, había sobrevivido para transmitirle las memorias que podrían haberle unido al mundo, en donde el niño no era más que un bastardo de la historia.
—Debe ser un alma que pena sin saber a dónde ir. Nada puede hacerse por los espíritus más que dejarlos atender sus asuntos—. Como siempre, la respuesta fue enigmática; la princesa del bosque temía de la verdad y sus consecuencias, así que optaba por esconderla tras verdades a medias que el joven tomaba como misterios por resolver. Quizás por eso el joven exploraba el bosque, incansable y sin freno. Constantemente se dirigía hacia el Camino del Silencio y volvía con el rostro aun más plagado de dudas.