Naturaleza Terrana
«¿Quién es la dama que deambula cerca del
Camino del Silencio?», preguntó Félix a la princesa, pero ¿cómo explicarle la
verdad? ¿Sería mejor que encontrara respuestas por sí mismo? Cuando el niño
llegó al bosque, el frío mortal del Largo Invierno ya había cobrado la vida de
los mestizos que no partieron al exterior para venerar a los «dioses
verdaderos». Ni siquiera su madre, la hermosa mujer que llegó allí con el
recién nacido en brazos, había sobrevivido para transmitirle las memorias que
podrían haberle unido al mundo, en donde el niño no era más que un bastardo de
la historia.
—Debe ser un alma que pena sin
saber a dónde ir. Nada puede hacerse por los espíritus más que dejarlos atender
sus asuntos—. Como siempre, la respuesta fue enigmática; la princesa del bosque
temía de la verdad y sus consecuencias, así que optaba por esconderla tras
verdades a medias que el joven tomaba como misterios por resolver. Quizás por
eso el joven exploraba el bosque, incansable y sin freno. Constantemente se
dirigía hacia el Camino del Silencio y volvía con el rostro aun más plagado de
dudas.
